Prisma es un solo escénico que nace de un deseo constante de rebosar el borde (Venus en Géminis, ¿qué esperabais?).
Con el movimiento como eje central y el dispositivo audiovisual como territorio híbrido, el proyecto entrelaza el cuerpo contemporáneo con la práctica del waacking: por deseo, por resonancia propia, y como archivo queer. Se trata de una entrada radical en la subjetividad, un solipsismo situado, no como cierre, sino como lugar donde el cuerpo se convierte en espacio de exposición, deseo, baile, sudor, agotamiento y proceso, emergiendo de la eterna pregunta del ser. Desde esta inmersión en mi propia performatividad identitaria, confío en que puedan surgir resonancias con otras subjetividades, especialmente aquellas que habitan lo otro, entendiendo lo queer como un territorio de vibración, desplazamiento y encuentro.
Biografía
Víctor Aicua
Víctor Aicua es un artista interdisciplinar originario de Pamplona, con base en Barcelona. Su práctica se articula desde una trayectoria híbrida que atraviesa la danza, la performance, la voz y las artes visuales, con el cuerpo como principal lenguaje de investigación y creación. Inicia su formación en danzas urbanas y amplía su práctica hacia la danza clásica, moderna y contemporánea, especializándose en Coreografía e Interpretación en el Institut del Teatre de Barcelona. Paralelamente, desarrolla estudios en música y canto, integrando estos lenguajes en su trabajo escénico. Como intérprete y creador, ha participado en diversos proyectos escénicos y procesos de creación, desarrollando trabajos propios y colaborando con distintos artistas y compañías, destacando su participación en the book of sand de alina sokulska, y realizando prácticas de ayudantía coreográfica con Aurora Bauzà y Pere Jou. Su trabajo se caracteriza por el cruce entre prácticas coreográficas, performativas y musicales, así como por un interés constante en la presencia escénica y los procesos de transformación que emergen del movimiento. En su investigación reciente, Víctor se interesa especialmente por la cultura queer, la performatividad del género y los modos en que la identidad, el deseo y la presencia se negocian en escena.